Son muchas las bodas a las que he asistido a lo largo de mi vida, me toca viajar a cada una de ellas porque se trata de amigas de mi infancia, amigas del colegio que por temas de trabajo se han ido a vivir fuera, cuando terminamos la universidad evidentemente cada una intentó buscar trabajo de lo que había estudiado, pero nuestros caminos no podían seguir unidos por lo que cada una intentó buscar su futuro y por suerte lo conseguimos. Son muchos los kilómetros que nos separan pero aún así pareciera que estamos siempre cerca, no hablamos a diario pero casi, hoy en día con los whatssap del teléfono siempre se está en contacto para mandar una foto o para contar cualquier anécdota sin necesidad de descolgar el teléfono. Pero llegó el día en el que el whatssap se convirtió en llamada de mi amiga para decirme que se casaba, que lo habían decido y que no había marcha atrás y lo mejor de todo es que me ofrecía ser su madrina, todo un honor que no podía bajo ningún concepto llegar a rechazar.

Pues nada puse a mi prole en marcha pues nos íbamos a Zaragoza, una ciudad que adorábamos y que estábamos deseando volver a visitar, evidentemente este tipo de bodas no es para ir un fin de semana y ya está, se merecía que la acompañara durante toda la semana previa al día más importante de su vida, por lo que preparamos las maletas y allí que marchamos. Los preparativos eran muchos la parroquia del Pilar debíamos ponerla mucho más bonita para ese día tan especial, pero claro jamás pensé que entre tantas cosas también se me rompería el coche, por si éramos pocos paró la abuela, así que no me quedó más que buscar un desguace de coches en zaragoza y digo un desguace porque con los gastos previstos la única manera en la que me iba a ahorrar un buen pellizco iba a ser en un desguace cercano. Pues nada ni corta ni perezosa, me puse en contacto con ellos y en pocas horas ya disponía de la pieza que necesitaba por lo que al tener el coche arreglado puede seguir preparando la boda de mi amiga y recorrer cada una de las tiendas de Zaragoza en busca de lo que necesitaba, sin más contando las horas para un día que por siempre perdurará en nuestra retina.